Turista argentina fue apuñalada y arrojada desde un precipicio en Ecuador

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La joven sufrió un violento asalto y reclamó la falta de respuesta de las autoridades a través de las redes sociales. ‘Gracias a Dios no me violaron’, dijo la víctima.

Andrea Carenzo se encontraba de paseo en el cerro Mandango, en Ecuador, cuando fue asaltada por dos jóvenes que le provocaron un derrame y una severa inflamación en el ojo, esguinces en los dos tobillos, una fuerte lesión en la pierna derecha y otra en el brazo derecho, dos cortes y dos puntazos.

La historia la dio a conocer la propia protagonista a través de su cuenta de Facebook con la intención de que se difunda, que se haga justicia y que se tomen las medida preventivas para que a nadie más le pase.

“El jueves 07/12/2017, en el pueblo de Vilcabamba, provincia de Loja, al sur de Ecuador, subí sola al cerro Mandango. Al llegar al mirador, me encontré con dos jóvenes, quienes me atacaron por la espalda. Uno de ellos me puso una cuchilla en el cuello y me tapó la nariz y la boca mientras me gritaba: ‘dame la mochila porque te mato, hija de puta’”, escribió en la publicación.

Carenzo tenía la mochila atada a su espalda y los delincuentes no pudieron quitársela con facilidad. Ante la frustración, los jóvenes la apuñalaron ocho veces y la tiraron por un barranco. “Pegué de lleno en el piso con la cabeza. Mi cuello se dobló de una manera que pensé que no podría sobrevivir, soportando todo el peso de mi cuerpo”, señaló.

Después de recuperarse de semejante caída, Andrea logró levantarse y empezar a correr, aunque los ladrones pudieron alcanzarla a los pocos segundos. “Me sometieron presionando mi pecho, mi pierna derecha, mis brazos y mi cabeza contra el suelo, nuevamente amordazándome, impidiéndome respirar o hablar, y pegándome más de 6 piñas en la cara. (En la sexta paré de contar y empecé a pedir a Dios que si me iban a violar, me mataran)”.

Los delincuentes finalmente entendieron que tenían que soltar las tiras de la mochila y huyeron con el botín. Pasó media hora hasta que una pareja pasó por el lugar y llamó a la policía. Una vez realizada la denuncia, una empleada del Ministerio de Turismo de ese país la contactó para pedirle que no llevara el hecho a los medios. Sin embargo, unos días después el fiscal a cargo de la investigación dejó de responder sus mensajes. Tampoco recibió ayuda desde el Consulado Argentino en Guayaquil.

“No hicieron nada por mí, ni presionaron a la justicia ecuatoriana para que actúe, o al menos así parece, ya que sigo esperando respuestas. La respuesta del Consulado ante mi pedido de ayuda fue que ‘tengo que tener paciencia’”, sostuvo la joven y afirmó: “Para mí tener paciencia significa esperar a que los delincuentes vendan todo lo que me robaron, así cuando allanan no encuentran nada y pueden seguir libres”. (Minuto Uno)


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