Relaciones y finanzas Tuyo, mío, ¿nuestro? El tabú de las peleas de pareja por dinero

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Es el gran disparador de discordias en el ámbito público y privado. ¿Quién da más? ¿Quién tiene más recursos? ¿Cómo llegar al equilibrio? La reflexión del psiquiatra Walter Ghedin.

El tema de la administración del dinero en las parejas suele ser un motivo de discusión. En ocasiones se abre al diálogo, y en otros casos las suposiciones ocupan el lugar de lo que “no se habla” o “no se dice la verdad”: el tabú. La frase “yo no sé cuánto gana” o “no sé qué hace con el dinero” se escucha más en las mujeres que en los hombres.

La desigualdad en los sueldos aún sigue siendo favorable a los varones. Según estadísticas de ONU Mujeres, en la mayoría de los países, las mujeres en promedio ganan sólo entre el 60 y el 75 por ciento del salario de los hombres. A eso le sumamos que dedican entre 1 y 3 horas más a las labores domésticas; entre 2 y 10 veces más de tiempo diario a la prestación de cuidados (a los hijos e hijas, personas mayores y enfermas).

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Estas desigualdades, aún arraigadas en nuestras sociedades, generan efectos secundarios: las compensaciones injustas, la disminución de la autoestima masculina por tener que responder al patrón de “ganar más”, las dependencias que vuelven tóxicos los vínculos, la falta de generosidad, los sentimientos de carencia, los prejuicios que arrastramos de nuestra familia de origen. Ni hablar si venimos de lugares sociales distintos: la relación con dinero será diferente, por mucho que reflexionemos al respecto. O si estamos atravesando una mala época, por ejemplo, uno de los dos está desempleado, ¡crisis en puerta! En estos momentos, la fortaleza del vínculo se pone a prueba, la supervivencia está en juego.

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Los números sobre la mesa

Para muchos hablar de dinero con apertura y franqueza no es fácil. La cuestión cambia cuando se trata de llevar adelante un proyecto concreto y se precisa saber con cuánto dinero se cuenta y lo que cada uno puede aportar. En algunos casos esta dificultad se basa en no saber cómo plantearlo sin que suene frío, carente de romanticismo. En otras situaciones existe el miedo de provocar conflictos, o la creencia de que el otro quiere tener el manejo del presupuesto.

Sin embargo, existen personalidades que realmente desean controlar al otro en todos los aspectos posibles, dinero incluido. Y están aquellas y aquellos que por complacer brindan toda la información en forma sumisa. Ni en uno ni en otro caso tendría que ser de esa manera. Los extremos del control, o de complacencia, no ayudan a mantener un vínculo más saludable, por el contrario, favorecen la desigualdad: uno tiene el poder y el otro se somete.

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En otras situaciones existe el miedo de provocar conflictos, o de pensar que el otro quiere tener el control del presupuesto.

A cada pareja, su acuerdo

No quisiera hablar de ideal, si de una acuerdo posible. Ser fiel en los acuerdos monetarios es mantener claridad en la administración, que no es ni más ni menos que defender la congruencia en todos los temas vinculares. Puede parecer demasiado romántico y pretencioso que “todo sea límpido y cristalino”, pero no es imposible. Las personas que conforman un vínculo de pareja acuerdan fidelidad en todos los órdenes y por sobre todas las cosas anhelan que la comunicación sea abierta y franca para dirimir cualquier cuestión que pudiera presentarse.

Como todo acuerdo existirá un compromiso afectivo, ético y moral. Y si se presentan obstáculos la capacidad para solucionarlos está en la conciencia de cada uno y en la reciprocidad vincular para poder desplegar el conflicto y ver qué se hace con él. Por lo tanto, el manejo del dinero en el seno de una pareja debería ser el resultado de la comunicación sincera. Es más, debería ser parte importante de las tantas cosas que se comunican entre uno y otro.

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8 claves a tener en cuenta

• El tema de la administración del dinero en la pareja no es una cuestión menor, debe incluirse entre tantos temas que requieren ser tratados.

• Cada vínculo debe encontrar formas dinámicas de consensoque se adapten a cada nueva etapa.

• Aunque no existe un ideal, una vez resueltos los gastos fijos, que cada uno cuente con dinero para gastos personales resulta ser menos conflictivo que la creación de un “pozo único”.

• La revisión de gastos mensuales (tickets, resúmenes de tarjeta, etc.) no debería ser un recurso de control sobre el otro (excepto que exista algún cuadro compulsivo, ludopatía o descalabros económicos propios de alguna otra patología psiquiátrica).

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• Saber cuánto gana cada uno resulta ser menos conflictivo que el“misterio” del sueldo que se oculta.

• Ocultar que hay un plus de dinero que se desvía para ayudar a la familia de origen (padres, hermanos, tíos, cuñados, etc.) suele ser un tema de conflicto.

• La comunicación sincera siempre ayuda a aclarar dudas y a encontrar acuerdos.

• Nada debe darse por supuesto. Es frecuente escuchar “yo empecé pagando todas las cosas de la casa y esto ya se estableció de esa manera”. Siempre es bueno romper con los hábitos y plantear cambios para que nadie haga las cosas por costumbre y a su pesar.

* Por el doctor Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo.


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